lunes, 7 de mayo de 2012

Madre no hay más que una.



Un domingo, quince días después de la muerte de su padre, Paul Vlassov volvió a casa borracho. Titubeando, entró en la pieza delantera, y golpeando la mesa con el puño como su padre hacía, gritó:
-¡A cenar!
Su madre se acercó, se sentó a su lado y, abrazándolo, atrajo sobre su pecho la cabeza del hijo. El, apoyando la mano sobre su hombro, la rechazó y gritó:
-¡Vamos, madre, de prisa!
-¡Pobre animalito! -dijo ella con voz triste y acariciadora, ignorando la resistencia de Paul.
-¡Y voy a fumar! Dame la pipa de padre -gruñó el muchacho; la lengua rebelde articulaba con dificultad.
Era la primera vez que se embriagaba. El alcohol había debilitado su cuerpo, pero no había apagado su conciencia, y una pregunta le golpeaba la cabeza:
-¿Estoy borracho ...?¿estoy borracho?
Las caricias de su madre lo confundían, y la tristeza de sus ojos lo conmovió. Tenía ganas de llorar, y para vencer este deseo fingió estar más borracho de lo que realmente estaba.
La madre acariciaba sus cabellos, enmarañados y empapados en sudor, y le hablaba dulcemente:
-No has debido...

2 comentarios:

  1. A sugerencia de María publico este fragmento de Gorki.
    Este libro lo leí hace muchos años. Fue escrito en un contexto histórico muy concreto, en unas circunstancias excepcionales y únicas, pero hay sentimientos universales.

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  2. Es guapísimo. Qué pena más grande da de los dos...

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